Javier Paredes, el 2.05.16 a las 10:09 AM

– Padre Rafael, pero… ¿Podré ser una monja famosa?

Esa fue la pregunta que le hizo Clare al padre Rafael Alonso Reymundo, según contó el padre José Luis Saavedra en la homilía que pronunció el pasado sábado en la misa que se celebra todos los meses en el convento del Caballero de Gracia de la madrileña calle de Blasco de Garay, en honor de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

La pregunta tenía sentido, si se mira el pasado de la hermana Clare, porque cuando hizo esa pregunta ya se lo había entregado casi todo a Dios, solo le faltaba desprenderse de la fama. Clare era una chica irlandesa, alejada de Dios, con unas cualidades humanas extraordinarias. Con catorce años había presentado un conocido programa de televisión en su país y tres años después había hecho su primera película, así comenzaba a cumplirse su gran deseo: ser una actriz famosa, pero no solo en Irlanda sino en todo el mundo. Poco después de hacer la película, viajó a España, se convirtió, se hizo monja de las Siervas del Hogar de Madre y le dijo que no a su representante cuantas veces le llamó para que volviera a Irlanda para rodar. Hizo el noviciado, profesó y fue destinada a distintas comunidades, la última la de Playa Prieta de Ecuador, donde falleció sepultada entre los escombros del colegio en el que trabajaba con cientos de niños. El colegio lo echo abajo el último terremoto de Ecuador.

Conozco muy bien al padre Rafael y me honro con su amistad, le admiro y le quiero como a uno de mis mejores amigos, por eso no me sorprendió la respuesta que le dio a Clare cuando le preguntó si podía ser una monja famosa, lo que le dijo es marca de la casa, así son los del Hogar de la Madre. La respuesta del padre Rafael encaja en las tres dimensiones de su personalidad: sencillez, prudencia y sentido sobrenatural:

–  ¿Monja famosa? Sí, si eres obediente, sí.

El padre Rafael no cortó las ilusiones humanas de Clare, para orientarlas al servicio de Dios y de las almas. Y en efecto, se ha cumplido su pronóstico, porque en los últimos días, la hermana Clare se ha convertido en una monja famosísima, mucho más de lo que ella había soñado, porque la hermana  Clare se ha hecho famosa en la tierra y también en el Cielo. Me consta que a ella van dirigidos los ruegos de ciertos padres, para que interceda ante Dios, para que sus hijos alejados de Él se conviertan. Y para lograrlo no encuentran mejor abogada que la hermana Clare, quien conoce mejor que nadie el trayecto que hay que hacer para transitar desde lo más bajo hasta llegar a las alturas del trato íntimo con Jesús y su Madre Santísima y Madre Nuestra.

Están muy unidas las Siervas del Hogar de la Madre a los cultos de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, porque todo lo mío al padre Rafael le importa y mucho y, en justa correspondencia a mí me pasa lo mismo con lo suyo, por eso no tengo inconveniente en confesar, que me hirió el alma hasta hacerme llorar la noticia de la muerte de la hermana Clare y las cinco candidatas de la Siervas del Hogar de la Madre, las hijas del padre Rafael . Por el trato que tenemos, en el mes de octubre del año pasado le comenté que íbamos a celebrar por primera vez en el convento de las Concepcionistas del Pardo los cultos de la Virgen del Olvido, y como se dio la circunstancia de que estaba de paso por Madrid,  el padre Rafael se presentó en el convento con unas veinte monjas, todas las de las comunidades de Madrid y de Alcalá, además de algunas otras que habían venido desde Santander, entre ellas la madre Ana, que es la superiora general. Después, algunas han participado en los cultos de la Virgen del Olvido otros meses y recuerdo que la hermana Sonia dirigió el rezo de uno de los misterios del Rosario el mes de marzo. Por todo ello, nada más lógico que encargar al padre Saavedra, hijo espiritual del padre Rafael, que dijera la misa de los cultos de la Virgen del Olvido del pasado mes de abril, que fue aplicada en sufragio de las almas de las Siervas del Hogar de la Madre y de cuantos perecieron en el terremoto de Ecuador.

Naturalmente que todos esperábamos que en la homilía nos contara algo de lo sucedido en Ecuador. Y no nos defraudó. Solo comentaré en este artículo un par de asuntos que él refirió, en los que la mano de Dios estuvo patente en medio de la tragedia del terremoto de Ecuador.

Cuando empezó a templar la tierra en Playa Prieta, la comunidad de las Siervas del Hogar de la Madre se encontraba en ese momento divida en dos grupos, en sitios diferentes del convento. En uno se encontraba la superiora de la comunidad con otras monjas, y cuando sintió el terremoto en lugar de salir corriendo hacia la calle, se fue a la capilla, abrió la puerta del Sagrario y rescató el Santísimo. A continuación se cayeron las paredes de la capilla. Más tarde la rescataron viva debajo de los escombros, abrazada con el Santísimo para protegerle. Solo tenía el tobillo roto y magulladuras por todo el cuerpo, porque renunció a protegerse de  los cascotes con las manos, ya que prefirió permanecer abrazada con el Santísimo en su regazo. Sin duda, que para hacer lo que hizo, pasando por encima del instinto de supervivencia hay que estar muy entrenada.

En el otro grupo estaba la hermana Clare con cinco candidatas, es decir cinco adolescentes que ya habían decidido entrar al noviciado en los próximos meses y una chica más, que habían estado trabajando durante los día pasados para arreglar los daños causados por las graves inundaciones de días anteriores. Gracias a que las inundaciones habían estropeado la capilla, se habían suspendido el día del terremoto los actos previstos que se tenían todas las semanas, porque si no el terremoto hubiera sorprendido a los niños dentro del colegio. Pues bien, poco antes del terremoto se cayó una enorme estantería encima de una de las candidatas, que le lastimó la espalda. Y alguna comentó que de haberle dado en la cabeza le podía haber matado. Surgió entonces una conversación entre ellas, en la que todas las candidatas manifestaron que no le importaba morir jóvenes para irse al Cielo. No así la chica que no era candidata, que no era partidaria de una muerte tan prematura. Momentos antes del terremoto esta chica marchó a su casa para cambiarse de ropa con intención de volver para seguir trabajando en la reparación del colegió y dormir allí. Por esta circunstancia se salvó, porque todas las del grupo de la hermana Clare perecieron. Y esta chica ha manifestado en público que Dios la libró de morir en el terremoto, porque en ese momento no estaba en gracia de Dios, y por eso cuando apareció el primer sacerdote se confesó en medio de los escombros.

En cuanto pudieron el padre Rafael, la madre Ana y la superiora de la comunidad de Alcalá volaron a Ecuador, con billete de vuelta para el día 28 de abril. Por su parte los padres de Clare gestionaron la repatriación de su cadáver para enterrarlo en Irlanda. Y sucedió que sin que nadie gestionara nada, las compañías de vuelo decidieron que, después de tantos días, el féretro con los restos de la hermana Clare volara hacia Irlanda, pero haciendo escala en Madrid y providencialmente le asignaron el mismo avión en el que regresaba a España el padre Rafael. La hermana Clare hacía así su último viaje en esta tierra, pero sin separarse de su fundador y de su madre general, y volvía a Irlanda pero pasando por España, a la que tanto quería y a la que había cantado con su guitarra, porque la hermana Clare cuando cantaba a la Virgen del Rocío lo hacía con el mismo salero que una andaluza.

Cuando llegaron a Madrid, las autoridades del aeropuerto, permitieron que el padre Rafael y otros dos sacerdotes más de los Siervos del Hogar de la Madre, entre ellos el padre José Luis Saavedra, celebrasen en los hangares una misa de corpore in sepulto. Y aunque solo permitieron el paso de nueve personas por motivos de seguridad, lo cierto es que en esa misa había alguna persona más, allí estaban todas las Siervas del Hogar de la Madre de las dos comunidades que ellas tiene en Madrid.

Más de uno me ha preguntado  por el significado del título del artículo anterior: lo de “quemar las rosas”. Clare cantaba una canción que habían compuesto las Siervas del Hogar de la Madre en la que se habla poéticamente de quemar las rosas para referirse a entregar la vida a Dios. Y así ha sido como Clare ha visto cumplidas sus ilusiones de adolescente, con un cumplimiento superior al imaginado, no solo en la tierra sino también en el Cielo. Y lo ha conseguido por el camino que el Padre Rafael le indicó, no hay otro: y porque quemó las rosas, Clare saltó a la fama.